Rehabilitando
el sector
inmobiliario en este nuevo año entrante.
“El mercado inmobiliario muestra una recuperación en la mayor
parte de sus variables, dentro de un tono moderado, y la previsión
es que se mantendrá en esa senda de crecimiento progresivo”.
Han sido necesarios siete años para que los
ilustrativos y hasta sonoros términos de hundimiento,
desplome o debacle, que desde 2008
encabezaban cada crónica inmobiliaria hayan
dejado paso a otras expresiones, quizá más
discretas pero igualmente explicativas, como
repunte o recuperación, que empiezan a describir
el panorama actual del sector.
No es solo una transición semántica. En el camino
quedan un descenso medio del precio de la
vivienda superior al 30% (según la estadística del
Colegio de Registradores); medio millón de pisos
sin vender; millón y medio de empleos perdidos
en la construcción o una deuda hipotecaria que
todavía roza los 700.000 millones de euros, entre
otros efectos de la crisis.
No se trata de invocar a las nubes cuando empieza
a salir el sol, pero sí de tener presente el
alto precio pagado por la sociedad española en
su conjunto, y por grandes sectores de la población
en especial, ahora que el inmobiliario vuelve
a levantar el vuelo, alentado por los aumentos
en las compraventas de viviendas inscritas, en
la concesión de hipotecas o en los visados para
obra nueva con los que se cerró 2015.
El mercado inmobiliario muestra una recuperación
en la mayor parte de sus variables,
dentro de un tono moderado, y la previsión es
que se mantendrá en esa senda de crecimiento
progresivo, lejos de las fuertes sacudidas
de tiempos pasados. Las experiencias vividas
aconsejan esa moderación.
El sector ha sufrido una profunda reconversión,
que le ha permitido avanzar hacia
su normalización, entendiendo que esa normalización
no puede consistir en iniciar más
de 700.000 viviendas en un solo año, como en
2006, o que los precios crezcan tres veces más
que los salarios, acaparando un volumen excesivo
de recursos y una cifra insostenible de
endeudamiento privado.
Aunque haya sido como consecuencia de situaciones
muy duras, la crisis también nos
deja un mercado hipotecario más responsable,
en el que todos los intervinientes,
desde los prestatarios hasta las entidades
financieras, pasando por los nuevos agentes
del sector y los operadores jurídicos, hemos
tomado conciencia de los excesos cometidos
y la enorme importancia que la hipoteca tiene
para la economía familiar y empresarial.
Ello se
ha traducido en una mayor concienciación de
los riesgos que se asumen, una información
más completa y una mayor protección a los
deudores hipotecarios.
Pero además de la normalización, el sector se
tiene que asentar, para ser sostenible, en un
doble equilibrio, que siempre he defendido:
entre la obra nueva y la rehabilitación y entre
la opción de acceder a la vivienda en compra o
en régimen de alquiler.
La rehabilitación ha de ser una apuesta estructural
dentro de la actividad inmobiliaria en
general y de la construcción en particular, porque
genera actividad para el sector, para sus
empresas auxiliares y para los proveedores y
los fabricantes de materiales; es más intensiva
en mano de obra que la nueva construcción
residencial o la obra civil, requiere personal
más especializado, y mejora la calidad de vida
y la cohesión social en nuestras ciudades.
Para más información visita: www.urbanoasisbarcelona.com

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