En un futuro muy próximo todas las agencias
inmobiliarias captarán en exclusiva. Y las que
no lo hagan, formarán parte de la “Segunda
División de la Liga de las Agencias Inmobiliarias”.
No obstante, el concepto “captación exclusiva”
todavía sufre una mala prensa. Quizá
sea porque algunas empresas han abusado
de esta forma de trabajar, no cumpliendo su
parte del trato y exigiendo el cumplimiento a
la otra parte.
Sin embargo, a poco que se analice lo que
significa la captación en exclusiva (lo cual no
podremos hacer en este texto, por su brevedad),
comprobaremos que es la mejor opción
tanto para el propietario vendedor como para
la agencia.
Para el propietario es mejor puesto
que la agencia destinará muchos más recursos
a la promoción y venta de su inmueble,
disminuyendo de esta manera el tiempo necesario
para venderlo. Y para la agencia también
es mejor porque le merecerá la pena invertir recursos en la comercialización del inmueble
captado en exclusiva.
Por tanto, podemos
concluir que la captación en exclusiva es mucho
más rentable tanto para el propietario
vendedor como para la agencia inmobiliaria.
Pero si ya es complicado captar un inmueble
con una simple nota de encargo, aún lo
es más hacerlo con un mandato de venta en
exclusiva. Se trata de salvar la reticencia con
la que los propietarios vendedores contemplan
a los profesionales de la intermediación
inmobiliaria.
Estos profesionales tienen que
mejorar su imagen, tienen que superar los
prejuicios que existen contra los intermediarios
inmobiliarios, y por supuesto, también
tienen que mejorar su “competencia personal”:
la competencia personal para conseguir
captaciones en exclusiva.
Una “competencia” es el conjunto de conocimientos,
habilidades y actitudes que, cuando
están integrados y son utilizados estratégicamente,
permite alcanzar con éxito los resultados
que de ella se espera en el trabajo.
Es decir: una persona puede tener amplios
conocimientos sobre técnicas de venta y sobre
la intermediación inmobiliaria.
Quizá no
sea muy hábil en la relación con los clientes,
pero con la formación adecuada puede suplir
esa carencia. Sin embargo, si no tiene la actitud
correcta para tratar con los clientes o no
posee la actitud apropiada frente al concepto
“captación en exclusiva”, entonces sus conocimientos
y habilidades de nada le servirán.
Una “competencia” es el
conjunto de conocimientos,
habilidades y actitudes.
Ésa es básicamente la idea que hay detrás del concepto de competencia, formado por tres ámbitos: conocimientos (lo que hay que saber), habilidades (cómo se pone en práctica lo que se sabe) y actitud (disposición a aplicar lo que se sabe y de la forma apropiada).
Ésa es básicamente la idea que hay detrás del concepto de competencia, formado por tres ámbitos: conocimientos (lo que hay que saber), habilidades (cómo se pone en práctica lo que se sabe) y actitud (disposición a aplicar lo que se sabe y de la forma apropiada).
En la práctica, podemos reducir todo esto a
una simple ecuación matemática:
Competencia =
(Conocimientos + Habilidades)
x Actitud
Por tanto, el mayor peso en el desarrollo de
competencias depende de la actitud, puesto
que ésta, como se aprecia en la anterior ecuación,
influye de forma multiplicadora.
Cuando tienes la actitud adecuada, siempre
encuentras un cómo captar en exclusiva. Pero
cuando no tienes la actitud correcta, aunque
sepas el qué y el cómo, nunca encontrarás el
cuándo empezar a captar en exclusiva.


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